Carnavalesco

El sol entra por mi ventana enrejada y se esparce como un bote de pintura diluida por las paredes grises y rugosas. Un nuevo dia, aunque no cualquiera. Por recurrente que suene, cojo la máscara y me la pongo. Hoy no interpretaré mi papel, sino lo que yo quiera. He apaleado al apuntador y lo he atado a una silla de madera y le he puesto una bola de sado-masoquismo en la boca.

Puedo ser una monja, que, abiertamente (de piernas, por supuesto), reconozca que lleva puesto un consolador. Puedo ser un político, que con la impasibilidad y el savoir-faire que su cargo conlleva se pegue un tiro en su despacho, admitiendo que, en realidad todo se lo debe a un titiritero, magnate del vodevil, que dirige la orquesta del mundo, haciéndole que creer que todo es fruto de su libertad y autonomia. Puedo ser el psiquiatra de la Virgen, cuando tuvo que decirle lo del niño a San José (la Polla Records díxit). Puedo ser viejo verde en Sodoma, deportado en Sibera, sultan en un harén… (Joaquin Sabina ídem)

Con mi máscara puedo llegar a lo más alto y a lo más bajo. Si se me permite ponérmela, es que otros ya la llevan y yo no lo sé. Siempre, máscara puesta y florete de la Il·lustración en ristre, el fiel justiciero romántico que se lanza a combatir las injusticias de la postmodernidad con poesia barroca.

Un dia quise ser artista y la máscara se rompió. Me quité el sombrero cordobés, corrí una cortina púrpura y lo solté, ahí, como el que echa la pota, como el último de la fila en un bukkake, como el que llega al baño justo a tiempo, como el tuberculoso agonizante, como el humo de un porro de matuja sola… solo que, con palabras.

Que Dios os guarde, para que no os perdáis ni me perdáis, il·lustres, que no il·lustrados, caballeros. Vuestra preséncia aquí es algo así como la del cáncer en un tumor, inherente, aunque indeseable. Interesantes calificativos, que con ligeras variaciones fónicas se tornan otros que describen vuestro pensamiento: incoherente e infumable. Con vuestra retórica pesais más que el sueño en los párpados de un viejo y con vuestras obras obras, la mente huye más que fluye, como fluye el prensamiento que no pensamento de mis excrementos tuberia, que no tonteria, abajo.

Ante todo, no quiero ser artista. No quiero decaer tanto. Ni siquiera quiero disfrazarme de uno de llos por Carnaval. Voy a comprar otra máscara y ya tendré más cuidado esta vez.

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Published in: on Març 2, 2009 at 9:41 pm  Feu un comentari  

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